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Archive for the ‘Poesia’ Category

AH – ANA HATERLY

Ana Haterly 1

Autoportrait de Füssli, 1973.

De forma breve e bastante discreta, como acontece com quase tudo o que é realmente importante, ficamos a saber que no passado dia 5 de Agosto faleceu a poeta das imagens, Ana Haterly. Segundo as suas próprias palavras:

«O meu trabalho parte da escrita, sou um escritor que deriva para as artes visuais através da experimentação da linguagem».

Destacaríamos, para uma aproximação à sua obra, o livro realizado pela Quimera Editores (2003): Ana Haterly a mão inteligente, com destaque para o texto de Raquel Henriques da Silva, «Os campos abertos do (in)dizível».

«Todo o pictograma é criptograma».

Ana Haterly 3

«la mer qui se brise» 1988.

Ana Haterly 2

Sans titre, 1972.

Caberia salientar, num blogue particularmente ligado à narrativa gráfica, a abordagem pluri-disciplinar que se encontra na raiz de uma memória partilhável. Apesar dos tempos insistirem nas gavetas arrumadas das especializações, sabemos que desde o principio da comunicação as narrativas visuais sobrepunham palavras e imagens. As bandeiras individualizadas, dos campos exclusivos que as diversas artes reclamam para si, independentemente dos revisionismos sócio-culturais, deixam de fazer sentido. Não pela pena arguta dos pensadores, académicos ou amadores, nem através de um público menos especializado mas através de um profundo sentido experimentado, como uma visão, que permite a clara aproximação à linguagem, sem as fronteiras que insistentemente lhe queremos impor:

«O meu trabalho parte também da pintura – sou um pintor que deriva para a literatura através de um processo de tomada de consciência das ligações que unem todas as artes».

Imagens de: Ana Haterly dessins, collages et papiers peints. Fundação Calouste Gulbenkian, 2005.

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medicin

Edição Douda Correria com desenho da capa e composição de Joana Fervença. Lisboa 2015.

Encontrar no movimento o desenho sonoro da palavra. Palavra que não repete o som das constelações, mas recria um lugar tão próximo que define o universo como o vento ao passar pelos corpos. Ossos ocos, como flautas. Entoações que encantatórias enxameiam a água primeira, a do leite transmutado em sangue, de cada vez, como na dança da respiração.

Oração de colagens, onde o corpo é visitado para poder viver. Gesto que une pontos de luz, dentro da própria luz para regressar como o voo das andorinhas em ovais que abraçam, que nos abraçam ao tecer no ar o momento. Linhas que modulam o tom reconhecível. No ir e vir do desenho à vista da abstracção. Consciência dos pedaços em órbita, gravação, levitação, orgânica que une o pó ao mesmo tempo que o sopra. Cata-vento, eixo, nervura onde se ouve a única palavra inscrita: amor.

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Hugo Gola 1

Hugo Gola (Santa Fe, Argentina, 1927- Buenos Aires, 2015). Entre sus libros de poemas se cuentan Jugar con fuego. Poemas 1956-1984 (Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina), Filtraciones (México, Universidad Iberoamericana, 1996), Filtraciones. Poemas reunidos (México: FCE, 2004), Retomas (México: Aldvs, 2010) y Resonancias renuentes (Buenos Aires: En Danza, 2011). También ha publicado Prosas (Córdoba, Argentina: Alción, 2007), y las antologías El poeta y su trabajo II, III Y IV (Universidad Autónoma de Puebla), Antología de literatura para jóvenes (México, Universidad Iberoamericana). Además de las revistas Poesía y poética (1990-1999) y El poeta y su trabajo (2000-2010).

Es muy significativo observar que ya en 1983, cuando a Hugo Gola le ofrecieron en la UAP la preparación del segundo número de la colección “El poeta y su trabajo”, publicara el texto Hay que mirar la vida con los ojos de la infancia de Henri Matisse, al lado de las reflexiones (y de una muestra breve de poemas), de siete poetas fundamentales para la poesía lírica del siglo XX (1). Podría haber puesto, en lugar del texto de Matisse, un ensayo de otro poeta. Sin embargo Gola  publicó a Matisse porque en las palabras de este artista se encuentra una visión y concreción, un tono de experiencia exactamente igual a la de los poetas publicados en esa ocasión, tono que suele ser más convincente que mil demostraciones, como dice Gola en la presentación de aquella primera revista ya legendaria. Cuando en 1990 comenzó el proyecto editorial Poesía y poética en la UIA, en el primer número publicó imágenes de la obra del escultor Adolfo Riestra, muerto prematuramente en 1989,  a los 42 años. Hugo escribió una nota sobre Riestra y su obra:

Singular conjunto, ciertamente, de homogénea calidad y donde sin esfuerzo se distingue un modo único de vincularse con el pasado indígena a través de las formas más avanzadas del lenguaje plástico contemporáneo… (2) Y después escribe algo fundamental: Una gran obra no sólo es en sí misma; es, además, un sustento para las obras nuevas que vendrán.

Matisse

Polynésie, la mer. Henri Matisse, 1946.

En el segundo número de Poesía y poética publicó el texto Vórtice de Henri Gaudier-Brzeska (junto con imágenes de su obra), un texto complejo, condensado, de un conocimiento muy agudo y objetivo de los elementos plásticos en la escultura, que sintetiza, en cuatro páginas, todo el desarrollo de la escultura desde el paleolítico hasta la primera parte del siglo XX, (visión que aún es vigente). Junto al texto de Breszka, el texto de Pound (gran amigo de Gaudier), Gaudier: Post Scriptum 1934.

En el tercer número, Gola selecciona, traduce y publica fragmentos del pintor Bram Van Velde. El descubrimiento de este pintor fue fundamental para él: a parte del interés que le despertó su obra pictórica, Gola encontró en el pensamiento de este pintor una visión del mundo con la cual comulgó, a tal grado, que tradujo el libro Conversaciones con Bram van Velde de Charles Juliet. En el prólogo del libro, Hugo escribe:

No hay receta válida para la pintura, como no la hay para la escritura, ni para la vida. Bram van Velde lo sabe y entonces, lo que nos propone, día tras día, es la fidelidad absoluta consigo mismo, la práctica del riesgo total, el rechazo del mundo, el tanteo en la oscuridad. Tal vez si uno consigue vivir apegado a estas negaciones vislumbre un espacio de libertad en este tiempo de sumisión, un refugio humano resistente ante la amenaza de naufragio universal.

Esta cita hermana, emparenta, a Gola con Bram van Velde y a través de éste, con Samuel Beckett (3). En muchas ocasiones (entrevistas y diálogos), Hugo siempre ha afirmado que ser artista es mucho más que escribir bien o pintar bien: ser artista es ser alguien trabajando desde una necesidad profunda más allá de toda inteligencia y habilidad con el lenguaje, alguien que tiene que hacer caso omiso de modas, que tiene que dejar de mirar al exterior para mirar al interior; alguien a quien no le importe dejar de escribir o de pintar meses o aun años enteros, si no tiene un impulso interior ineludible, una experiencia poética que impulse la necesidad de crear.

Hugo Gola 2

En Argentina, Hugo ya había tenido relación con pintores (y escultores, cineastas y fotógrafos). Entre otros con Juan Grela (el cual realizó el dibujo de la portada de su primer libro de poemas, dibujo que, tanto en lo formal como en las imágenes, tiene que ver mucho con la poética de Gola de aquel tiempo), Hugo Padeletti, Fernando Espino, Hermenegildo Lucero, Adolfo Nigro, entre otros. De Fernando Espino, gestionó para que se publicara en la Editorial Artes de México La trama bajo las apariencias, con textos de Juan José Saer, Hugo Padeletti y del mismo Gola, textos que dan luz en dos direcciones: nos hablan tanto de la visión pictórica y de la personalidad de Espino, como de los pensamientos de estos escritores sobre la pintura en relación con la ética que debería poseer un artista (4).

Hugo publicó (y tradujo también), tanto en Poesía y poética como en El poeta y su trabajo, la obra de muchos artistas, mexicanos o extranjeros. En su obra poética, en varias ocasiones, toma a pintores como pretexto para hablar de otras cosas. Ahí tenemos, por ejemplo, los poemas donde nombra a Hokusai y a Morandi, en dos ocasiones. O en poemas donde toma el acto de pintar para hacer una analogía con el acto de escribir:

un trazo apenas/ breve y fugaz/ un soplo…

pintar/ los objetos/ su presencia/ erguida/ su forma huidiza…

una mancha/ azul/ sobre fondo/ blanco/ y ahora/ una mancha negra/ cruza / rápida/ el

cielo/ agita el espacio…

un trazo/ un trozo/ un tono/ un toque/ un punto/ que vibra/ una línea que vuela/ una

mancha…

La poesía de Gola está poblada de objetos que son sugeridos o dejan su huella en el sendero que trazan en la página.  (Sus versos, tipográficamente, juegan, pueblan el espacio de la página, lo hacen vibrar y vivir, como en la pintura).

Le pregunté a Hugo hace algún tiempo, por qué no había pintado si tanto amaba la pintura. Me contestó que sentía que “Su vocación (de poeta) se había definido desde la adolescencia”, y que, en un momento dado, en Argentina, pensó “que pintar era más sencillo que escribir”, pero que, cuando trató de hacerlo, se dio cuenta que pintar era “tan difícil como escribir”, algo que le hizo “respetar y valorar aún más, la pintura”.

Balthus

El Fruto de Ouro. Balthus, 1956.

Otros dos artistas que le despertaron gran entusiasmo fueron los cineastas y fotógrafos Abbas Kiarostami y Raymond Depardon. Con el último, Hugo sentía que lo emparentaba el origen campesino. Del primero, le entusiasmaba los mínimos recursos materiales que utilizaba para crear obras profundas de una aparente sencillez (esta última cualidad la encontramos en su propia poesía).

En la presentación del libro Las vueltas del Río: Juan L. Ortiz/ Juan José Saer (en mayo de 2010), Hugo habló de la gran importancia que tuvo para él leer las Memorias de Balthus,  libro en el cual encontró un eco de su propia visión espiritual sobre lo que para él es el arte:

Yo ahora he estado bastante enfermo en estos últimos quince o veinte días y  tenía mucha dificultad de encontrar un libro que me produjera una satisfacción profunda y, en medio de toda la revisión que hice a mano, encontré un libro de un pintor, que yo aprecio mucho, Balthus, que son sus Memorias, escritas, digamos, de una manera que a uno le produce un efecto profundo y permanente, en el sentido en que Balthus no habla de cosas distantes… habla de su propia vida, habla de la dificultad que tuvo para vivir, que tuvo para vivir en Francia, que tuvo en la relación con Rilke (que fue alguien que lo acompañó desde el principio, que le ayudó a descubrir su verdadera vocación de pintor.) Esa misma situación que he vivido yo personalmente. Es decir, me he puesto a leer a autores que yo aprecio mucho, por ejemplo a Dickens y he intentado leer a un escritor que valoro mucho, a Simenon, y me he puesto a leer a diversos autores, pero ninguno me produjo lo que me produjo al leer las Memorias de Balthus, porque la sensación de que estaba cavando en su propia vida, realmente me pareció de una dimensión altamente religiosa, que para mí es algo que no es peyorativo, sino de una dimensión de profundidad de la que habla permanentemente Balthus.

Para finalizar esta nota debo decir que el color (y la luz que de éste se desprende), es un protagonista constante en la poesía de Hugo Gola, un color que está unido a las cosas (a árboles, nubes, atardeceres, cielos…), color que define las cosas para, al nombrarlas, crear imágenes poéticas precisas. Por último, Gola compara a los colores en la pintura con las palabras del poema en la página:

…escribir/ palabras luminosas/ hundir las vibraciones/ de la luz/ amarillo/ sube y baja/ de

las hojas/ yace en el campo/ otoño/ invierno/ bandadas altas…

La pintura, de este modo, se entremezcla, de manera sutil, en la poesía de Gola, un tipo de pintura sobria, tendiendo a lo mínimo, como lo son los versos que compone.

Luis Verdejo


Notas:

(1) Poetas que integran tal revista: Seferis, Olson, Levertov, Wallace Stevens, W.C. Williams, Juan L Ortiz, Augusto de Campos, Rainer María Rilke.

(2) Idea muy importante para Gola, porque seguramente vio en Riestra un reflejo de lo que Rulfo realizó en literatura (algo que continuamente mencionaba en sus clases de Poesía Latinoamericana en la UIA, en conversaciones  y entrevistas): que Rulfo había tomado el lenguaje popular, asentado en una base de pasado indígena, y lo había trabajado con las formas más avanzadas del lenguaje literario.

(3) Habría que preguntarse cuánto del pensamiento y del proceso de creación de Samuel Beckett tiene que ver con el de  Bram Van Velde, su gran amigo.  para mirar al interior; alguien a quien no le importe dejar de escribir o de pintar meses o aun años enteros, si no tiene un impulso interior ineludible, una experiencia poética que impulse la necesidad de crear.

(4) Hugo escribió también un texto muy interesante sobre la pintura de Hugo Padeletti, en el que se detiene en la confluencia, afortunada, que se da entre algunos poetas-pintores, en los cuales, sus obras pictóricas y poéticas son tan sólidas en las dos disciplinas artísticas: por ejemplo en Michaux, Klee, Schwitters y el mismo Padeletti. (De estos artistas Hugo también publicó poemas en diversos números de la revista Poesía y poética.) Texto escrito en: Padeletti, Hugo, Dibujos y poemas 1950-1965, Editorial Áncora. Buenos Aries, 2004.

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Equinocio

Equinócio é um caderno de 50 páginas, elaborado copiosamente à mão, num processo em que mesmo as imagens elaboradas com meios mecânicos têm uma individualidade própria; como uma pincelada é única. O texto repete-se e as imagens em sequência, ao longo dos 5 exemplares, seguem uma mesma orgânica narrativa, cuja interpretação visual é transfigurada, particularmente, em cada caderno. Como se cada um fosse uma interpretação musical de um registo assente numa matriz, cuja índole poética assenta num texto; uma visão interior de seres-pássaros, esvoaçantes, sem conseguirem voar, cruzando os passeios de uma cidade longínqua e da palma de cada mão.

equinocio a

À esquerda sequência do caderno 3 de 5. À direita imagem do caderno 4 de 5.

As sombras sequenciais deste caderno, de poesia visual, são estátuas em movimento temporal ao mesmo tempo que música congelada por entre o frémito irrequieto das improvisações. Das anotações minuciosas que destacam a sensibilidade, dos rasgos momentâneos que frisam, rudemente, o irrepetível no repetível.

equinocio b

À esquerda imagem do caderno 2 de 5. À direita, a mesma imagem, do caderno 5 de 5.

Um texto, num caderno de imagens que provoca os métodos de reprodução, questionando-os, respirando de forma única para lá das tiragens, das gravuras, da tipografia ou dos processos mais modernos; sem os recusar, transformando-se de dentro para fora com a rapidez plácida do autor copista, derramando múltiplos numa sucessão circunscrita.

equinocio c

À esquerda sequência do caderno 1 de 5. À direita, a mesma sequência, do caderno 5 de 5.

Uma visão é uma imagem que se desprende do corpo do texto. O corpo do equinócio pontuando as margens do tempo exterior, naturalmente sacralizado, na inquietude permanente do poema, uma interpretação do terror em sons de perpétua harmonia por desvelar: “(…) Entre estes pássaros vibrantes recolhe-se uma luminosidade, profunda e misteriosa que os faz girar em círculos de nós cegos, vacilando os seus rostos sobre o ar denso e pesaroso das máquinas em combustão. (…)” Tudo o que tem tempo, tem música. Tudo o que se move contém dança. No espaço suspendem-se as imagens deste caderno, da autoria de Diniz Conefrey, realizado durante Maio e Junho de 2015.

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enigma 1

Surge inóspito o poema, com seus olhos turvos, pálidos. A rede da noite trás consigo memórias arqueadas na mão; pendem os tentáculos que se unem à terra, cega, na sua limpidez voraz e maternal. Na sua luz permanente uma gravidez, uma metáfora oscilante. Perdem-se os contornos e os corpos surgem numa escuridão interior. Os lábios puxam o sangue até se coagular a cabeça, um mar cortante de corpos transpirados pelas alamedas. Os homens erguem-se na sua docilidade perene, adormecida nos braços de um vácuo fundo, violento. Cabelos viscosos circundam o centro desta matéria implausível, como se carrega-se uma fera ociosa; entranhas inimagináveis.

enigma 2

Os homens seguiam desatentos e as ruas nunca estavam desertas. Rompia sobre os carros essa estranha luz astral, pela manhã; Vénus desfeita ao sabor de uns breves acordes insinuados. O mar subia pela estrada e os corvos iam morrer perto da praia, das rochas cinzentas por dentro com o mar a vibrar. E as pegadas perdiam-se, como um homem dentro da feira. O passeio, a rua transbordante de sombras e a cidade, vagueiam numa órbita cega, numa qualquer constelação. Pulsos que ardem e se entregam à quietude da noite que transpira a sua suave planura evocativa. Milhares de crianças enlouqueceram, correm dentro das imagens corruptíveis, erguidas, sequestradas e devolvidas ao lixo da razão.

enigma 3

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POESIA NO PARALELO W

PW

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O PASSAGEIRO

28-diario

Vivia esse espaço de impermanência sentido através da fluidez dos dias, que não se apresentam como nas horas sincopadas do quotidiano. O seu rosto era modelado pelo vento que lhe desalinhava o cabelo numa presença selvagem e primordial. Sobressaía, nos olhos suaves, uma angústia indisfarçada; uma tristeza refém da sua intemporalidade. Tinha o mar como refúgio, emoldurado pela imensidão das arribas mudas na sua monumentalidade agreste; o horizonte imutável e distante, embalado pelos silêncios… Olhando à distância, pensava, se poderia aproximar-me dessa vaga quietude que o seu corpo encerrava e desatar os nós dos enigmas através da presença que conduz há proximidade. Mas não era fiel aos meus desejos, nem tão pouco há vontade de conhecer os apelos interiores que impulsionam os movimentos decididos; ao encontro das imagens fugazes que toldam a imaginação. Ficara com a recordação ténue dessa presença quase misteriosa, estendida na areia, com a percepção incerta de algo que poderia ter sido mas para a qual não encontrava uma verdadeira vocação. Esse espaço aberto em que se multiplicam as tenazes das horas vagas, em redor de um tempo, da luz brilhante e opressiva do sol; tardes cálidas e zumbidos de insectos esvoaçantes.

12-diario

O verão estendia-se com os seus dias lânguidos e intermináveis pautados pelo suor que se desprende melosamente. Escorrendo pelo corpo aromatizado, seivas sanguíneas; salgadas pelo mar cintilante, brutalizado pela luz feérica. À noite conversava no café. Não eram bem conversas; debitavam-se “informações” e pequenos comentários cheios de pertinências vazias. Então, o espaço enchia-se de olhares que escondiam o pavor; os lábios moviam-se com a incerteza da aurora e os gestos diziam mais do que as palavras. Nessas horas aflitas na sua inconsequência brilhavam luzes de aviões que se deslocavam por entre o firmamento, ao som dos cães que latiam nos quintais. A lua pasmava a noite com a sua luz metálica e vítrea. Parecia que no centro desse tempo sem memória existia um grito agudo que se impunha há surdez do deslumbramento; da inutilidade dos pequenos gestos. Algo tão palpável como a passividade desse vazio afagado pela perpetuação. Então, pensava distraído que o tempo era a travessia de um rio e que no final desse espaço a morte nos diluiria na infinidade de deus. Finalmente, um momento de perenidade que contivesse todas as justificações para o peso de uma existência tão incauta e incerta…

20-diario

Sentia nesses momentos que a vida é um vislumbre imaculável. Que a gravidade nos arrasta a todos num turbilhão de terror. Uma cegueira exposta nos corpos nus e indefesos com o paradoxo das suas certezas; das suas limitações excessivamente imaginadas. E assim, na luz clara do dia seguinte, trocava olhares incertos e deixava o pensamento deslizar ao sabor dos contornos daquele outro corpo que aprendera a distinguir. A reconhecer. A observar na possibilidade da distância. Havia um breve rumor que acalentava a oração que é o final do dia. E o mar transforma-se numa grande sombra abandonada de nostalgias invisíveis… O espanto do seu cabelo ser transparente. De na face dela não sentir recordação, tempo ou memória. De tudo estar habitado apenas pelas gaivotas que planam solitáriamente por entre as arribas; abismos voltados para a escuridão da noite. Noite preenchida pelo rumor das ondas a desatar. Noite. Noite. Noite. Não adormecer e estar acordado violentamente, acordado. A sentir os minutos escorrerem com o odor do suor. As luzes passageiras e os reflexos na parede hierática, imóvel. O peso íntimo no centro da falsa solidão; da noite que se desvela em mais escuridão. Falsa, essa solidão, porque não tem companhia…

15-diario

A solidão senti-a, no meio da areia coberta de corpos veraneantes. Reflexos de tez escura e jogos inocentes na placidez estagnada pela luz solar. O azul pálido e monótono do céu, os dias a planar na certeza do abandono. Dia. Dia. Dia. Vivia esse espaço de impermanência sentido através da fluidez dos dias, que não se apresentam como nas horas sincopadas do quotidiano. O seu rosto era modelado pelo vento que lhe desalinhava o cabelo numa presença selvagem e primordial. Tinha apenas o mar como refúgio; o horizonte imutável e distante, embalado pela névoa dos silêncios… Olhando há distância, pensava, se poderia aproximar-se dessa vaga quietude que é um corpo e desatar os nós dos enigmas através da presença que conduz há proximidade. Mas não era fiel aos seus desejos. Tinha apenas a vontade de conhecer os apelos interiores, esperando que impulsionassem o encontro de momentos regidos pela sua vocação. Nesse espaço aberto, onde se multiplicam as tenazes das horas vagas.

 

 

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